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diccionario (nostalgico) de los Pirineos

NotaPublicado: Jue Nov 11, 2010 10:09 am
por Esteban
Diccionario nostalgico de los Pirineos


- Amnesia

1972. Descenso del Soulour.

Sólo un año después de romperse los huesos y el alma bajando el Menté, Luis Ocaña trata de distanciar de nuevo a Merckx, pero derrapa en una de las curvas mortales del Aubisque y en la meta cede más de un minuto al 'ogro'. En su caída arrastra a Bernard Thévenet, Lucien van Impe y Alain Santy. Sólo preocupa el estado del último, sus cervicales. El resto pronto reanuda su marcha. Al alcanzar el valle, la calma, Thévenet sigue sin comprender. "No sabía dónde estaba. Era como cuando te despiertas en la cama, pero encima de la bicicleta”. Llueve y hace frío, así que -concluye Thévenet- debe de tratarse de una de las primeras carreras de la temporada. La gente grita su nombre, le empuja hacia la meta. "Al menos estamos en Francia", razona sobre su Peugeot. Al fin ve acercarse a Gaston Plaud, su director.

- ¿Dónde estamos? -pregunta Thévenet-.

- En el Tour de Francia.

- No me acuerdo de nada.

- Tranquilo. Te has caído, pero no te has hecho nada.

- ¿Pero dónde estoy? ¿En la carrera?

- Hay dos grupos de escapados. Tú vas por detrás.

- Bahamontes

1954. Tourmalet.

Muy pocos le conocen, pero su primer vuelo en el Tourmalet le hará universal. "Nacido montañero, los músculos a flor de piel, el rostro curtido por la brisa de las cumbres", escribe Pierre Chany en las páginas de 'L'Équipe'. Ha nacido el ‘Águila'. Hasta cuatro veces pasaría en cabeza por la cima del gran coloso pirenaico, su santuario. En 1954, año de su debut en el Tour, Bahamontes corona en cabeza nueve cimas, entre ellas el Aubisque, el Tourmalet y el Peyresourde, y se lleva de regreso a Toledo el primero de sus seis jerseys de la montaña, el cuarto para España tras los triunfos de Vicente Trueba (1933), Julián Berrendero (1936) y Jesús Loroño (1953). Pero Bahamontes, en su primera demostración, “borra de la memoria colectiva a Berrendero, a Bernardo, a Trueba y a Cañardo. Como si antes de él no hubiera habido nada, como si fuera imposible que después de él llegara algo”, concluye Carlos Arribas en ‘Locos por el Tour’.
Canícula

Era ese tiempo de la canícula, cuando el aire de agosto sopla caliente, envenenado por el olor podrido de las saponarias. El camino subía y bajaba: 'Sube o baja según se va o se viene. Para el que va, sube; para él que viene, baja'. - ¿Cómo dice usted que se llama el pueblo que se ve allá abajo?

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Bahamontes, junto a Anquetil en el Tour de Francia de 1963.

- Comala, señor.
(Extraído de 'Pedro Páramo'. Juan Rulfo)

1921. Cima del Tourmalet.

Un año antes de que una avalancha de nieve obligara a variar la ruta clásica de los Pirineos, 'papá' Desgrange relata así uno de las jornadas más sofocantes del Tour. "He visto a [León] Scieur [finalmente ganador de aquel Tour] abrasado por el sol, borracho de rampas interminables, retorcido bajo el sol. Le he visto agacharse ante el arroyo que cantaba su fresca canción descendiente de la montaña; le he visto beber como a un animal roído por la sed: le he visto, en este punto, sacar del morral los emparedados, remojarlos en el arroyo y engullirlos como una bestia guiada por su instinto; le he visto montar, bajarse después, agotado, arrastrando su máquina como el ganado arrastra la madera que le impide correr. En este terreno silencioso le he escuchado pronunciar, entre sollozos, de lo más profundo de su garganta: ‘¡Qué oficio! ¡Qué oficio!’".
Desgrange (Henri)

Cuerpo, alma y espíritu de esta criatura feroz llamada Tour de Francia, Henri Desgrange (París 1865 - Beauvallon 1940), el diablo inventor de un infierno sobre ruedas, tampoco es de piedra. En ocasiones, como en el desértico Tour de 1921, se compadece de sus víctimas. Así narra en las páginas de ‘L'Auto’ aquella ascensión al Aubisque: “Ante el sufrimiento de nuestros hombres, he sentido mi corazón mordido por el remordimiento de haberles impuesto un menú semejante. Podría buscar una excusa en el hecho de que no creía posible una etapa Luchon-Bayona tan feroz, ¡tan despiadada! Concluida la jornada, he experimentado el dolor de un padre que ha abusado de sus derechos y, sin proponérselo, ha hecho sufrir en exceso a sus amados hijos”.
Explosión

1974. Saint-Lary.

Los anarquistas de GARI (Grupos de Acción Revolucionaria Internacionalista) creen que el Tour de Francia ha dejado de ser un deporte para convertirse en un soporte publicitario al servicio del capitalismo y aprovechan la noche del 15 de julio para provocar varias explosiones que destruyen algunos vehículos de la caravana ciclista. Raymond Poulidor, que el día anterior ha obtenido un minuto y 49 segundos de renta sobre Eddy Merckx en la ascensión a Pla d’Adet, opina así sobre el atentado terrorista: “El único explosivo aquí soy yo”.
Faure (Benoit)

1926. Bayona-Luchon.

Testimonio de Benoit Faure, el ‘Ratón’, ciclista francés de segunda categoría, superviviente de una de las etapas más dramáticas del Tour: “[…] Llevaba tiempo rodando solo sin saber dónde estaba. Tras varias tentativas de mantenerme sentado en el sillín, finalmente desistí. Como todos los demás. Marchaba calado hasta los huesos. Tiritaba. A mi alrededor no escuchaba más que agua; el martilleo de la lluvia, el curso furioso de los torrentes que cruzaban la ruta de manera improvisada. En algunos lugares, la visibilidad no alcanzaba más allá de diez metros. Los obstáculos surgían; un coche, un corredor perdido… En la cima de un puerto vi a algunos espectadores asombrados, despavoridos, aislados del mundo. Después seguí mi camino entre la bruma y el lodo. Cada uno por su cuenta. Más tarde, en el Aubisque, conocí el apocalipsis. El granizo, la nieve. Inservible el impermeable, mi maillot empapado se convirtió en mi peor enemigo. […] Mis pies dejaron de existir. En estos instantes de pavor, lo juro, sólo me quedaba el instinto de la competición. Sin él ya habría abandonado, sólo habría pensado en salvar mi piel”.

Entre la niebla, en medio de la nada, una figura acude a su rescate, lo arrastra hasta su casa y prepara un baño de agua hirviendo. “Al meter los pies creí morir. El dolor era tan fuerte”. De regreso a la carretera, Faure intuye dos faros. Son los coches del Tour en busca de ciclistas perdidos. “Salvo cinco, todos llegamos fuera de control. A medianoche llegaron una decena de corredores, entre ellos Bariffi. Con voz triste describieron a los responsables del Tour el infierno que acababan de atravesar. De repente, un hombre furioso se presentó ante Lucien Cazalis. ‘Los traigo a todos desde Bagnères-de-Bigorre’, vocifera. ‘Sólo me han pagado cinco. ¿Quién pone el resto?’. Como uno solo, los diez corredores se giran esperando la respuesta de Cazalis: ‘Venga a verme mañana por la mañana. Le pagaré’”. Ese día hubo amnistía general. Todos los ciclistas fueron repescados. El héroe del día, el belga Lucien Buysse, se vistió de amarillo hasta París en un Tour con 5.745 kilómetros.
Gaul (Charly)

1955. Saint Gaudens.

Si Bahamontes es la montaña y el sol, Charly Gaul es la montaña y la lluvia. Gaul es una cabalgada en solitario bajo el diluvio y la nieve, sin impermeable, por los cols de la Chartreuse en el Tour de 1958, sobre el Monte Bondone en el Giro de 1956. Gaul es un ángel. Gaul no demarra. Gaul vuela, desaparece, se esfuma entre la niebla. Sus alas ya planean en 1955. "Gaul, nuevo arcángel de la montaña, Efebo despreocupado, delgado querubín, niño imberbe, grácil e insolente, adolescente genial, el Rimbaud del Tour. En ciertos momentos, Gaul es abducido por un dios; sus virtudes sobrenaturales suponen una misteriosa amenaza para sus rivales", escribe Roland Barthes. Gaul, 22 años, se vuelve inmaterial en los Alpes y no ocupa su cuerpo hasta la meta de Briançon. Casi 14 minutos de ventaja sobre el grupo, encabezado por Ferdi Kubler. Bobet, jersey 'arcoiris', busca su tercer Tour, tantos como Thys. Gaul, luxemburgués, no cuenta con un equipo fuerte como el francés. Llegan los Pirineos. Bobet manda: ritmo asfixiante desde el inicio para aplacar las tentaciones de fuga, para frenar el ímpetu descarado de ese Gaul. El ángel inicia en el Aspin su baile armónico de hombros y piernas. Gaul ataca, Gaul se va. Casi tres minutos de ventaja en la cima. El Peyresourde por delante. Bobet aprieta los dientes y recorta 50 segundos en la ascensión. En el llano se le suman otras fuerzas y cruza la meta de Saint Gaudens con sólo 1'24" de retraso. La etapa para Gaul. El amarillo y la gloria para Bobet.
Horquilla

1913. Sainte-Marie de Campan.

Eugène Christophe, el ‘Viejo Galo’, está convencido de que sobre su bicicleta Peugeot sera capaz de ganar el Tour de Francia ese año. Debutó en 1906 y finalizó noveno. En el último, el de 1912, sólo le superó el belga Odile Defraye. Christophe, parisino, puede ganar el Tour. Está convencido. El de 1913 comienza a ganarse en los Pirineos, entre Bayona y Luchon, en el sentido opuesto al hasta entonces habitual. Los ases no esperan al Aubisque. En el col de Osquish son cuatro en cabeza: Christophe, Marcel Buysse, Jan Alavoine y Jean Rossius. Pronto se unen al baile Philippe Thys, Alfons Spiessens y Emil Engel. Christophe se contiene. Mi ataque, en el Aubisque y en el Tourmalet. Y allí, en la primeras rampas de la vertiente de Barèges, se lanza a por el Tour. Sólo Thys le supera en la cima por estrecho margen. Este sigue siendo el Tour de Christophe, a tumba abierta tras la estela del belga. Completados tres kilometros del descenso, choca contra un vehículo y su horquilla delantera se rompe. Imposible controlar la dirección. La avería es grave.

A partir de aquí desaparece el ciclista y nace el héroe, la leyenda. Christophe no abandona. Bici al hombro, desciende a pie los 14 kilómetros que le separan de Sainte-Marie de Campan. Acaba de inventar el ciclocross. Allí encuentra una forja y, transformado en Vulcano, se fabrica una nueva horquilla. Sin ayuda, por supuesto, pues allí se encuentran los comisarios de Desgrange para asegurarse del buen cumplimiento del reglamento. Ninguna asistencia. La nueva pieza no encaja. Hay que limar. Solucionado el último problema, sólo queda regresar a la carretera. Ha perdido más de tres horas. Antes de partir, un comisario pide permiso para ir a buscar algo que echarse a la boca. “Si tiene hambre, coma carbón. Yo soy su prisionero y ustedes mis carceleros”, responde Christophe, que nunca ganaría el Tour. Thys sería el primero en lograrlo en tres ocasiones, la última en 1920, tras la interrupción por la Primera Guerra Mundial.


- Induráin (Miguel)


Cauterets. 1989.

"Suelta unas avispillas, Miguel". Y Miguel, que siempre obedeció mientras tuvo que obedecer, metió el palo hasta el fondo del panal. Había que atacar. Delgado lo necesitaba. Vivía de ello, pero la urgencia, la ansiedad, acompañaban al equipo desde el primer día, desde el fatídico prólogo. El dorsal 1 perdido por las calles de Luxemburgo. 2'54" de regalo a Lemond y Fignon. Desde la cima del Marie-Blanque, primer puerto serio de aquel Tour, Induráin se lanza al vacío, envuelto en una nube, y deja sin respuesta a Theunisse, primero, y a Van der Poel y Forest, después. En las primeras rampas del Aubisque ya es cabeza de carrera. Lo sube y lo baja solo. Y después afronta con la misma calma y naturalidad la ascensión final a Cauterets para completar una fuga de más de 100 kilómetros. Miguel Induráin, a punto de cumplir 25 años, deja su primera firma en el Tour en una gran etapa de montaña. Pero el relevo aún deberá esperar dos años más, hasta que de nuevo cuesta abajo, de nuevo en los Pirineos -esta vez con Chiappucci como escudero-, lance la ofensiva que inaugure su reinado.


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Miguel Induráin.

- Jiménez (Julio)

Aubisque. 1964.

Los caprichos del destino impidieron Julio Jiménez cumplir su sueño encima de una bicicleta hasta cumplidos los 30 años. Finalmente, tras mucho insistir, Dalmacio Langarica le ofrece la oportunidad de disputar el Tour con el Kas. Ganó dos etapas, la primera, en Andorra, con ocho minutos de ventaja sobre el grupo; la segunda, en el Puy de Dôme, en duelo con Bahamontes- y terminó séptimo en la general y a tres puntos de Bahamontes en el Gran Premio de la Montaña. Pudo haberla ganado si, camino de Pau, el toledano hubiese respetado el acuerdo al que por detrás llegó su director, Raoul Rémy, con el de Jiménez, Langarica. Los dos en fuga, ninguno parece dispuesto a darle un relevo al otro hasta recibir claras instrucciones: para Jiménez la montaña a cambio de ayudar a Bahamontes a ganar tiempo en la general y dejarle la etapa. Jiménez tira con su alma en el Tourmalet, pero Fede siempre le pide más. Hasta que, mediado el Aubisque, el abulense se entrega. Bahamontes no le espera. Gana la etapa y, por supuesto, pierde el Tour. Pero ya tiene su jersey de la montaña.
Koblet (Hugo)

1951. Luchon.

"Puede decirse que Hugo Koblet implantó el señorío en el deporte ciclista. La pulcritud en la persona, el buen gusto en el vestir y equiparse. El peine y la esponja en las metas no se conoció hasta que él dio el primer ejemplo. Ha desaparecido un gran 'gentleman' del deporte y su trágico final me ha impresionado vivamente. Pobre Hugo. ¡Cuando la vida le brindaba toda la felicidad, a los 39 años, se ha estrellado contra un árbol! Con cuatro ruedas no ha podido evitar los riesgos continuos y terribles que salvó sobre dos. Que Dios lo tenga en su gloria".

Así se despidió Poblet de Koblet en las páginas de 'El Mundo Deportivo'. El corredor catalán había trabajado a su servicio durante el año 53 en las filas del equipo la Perle. Hugo, un Apolo sencillo, amable, siempre atento, comedido y respetuoso, el 'ciclista encantador' -en palabras de Jacques Grello-, de sonrisa cautivadora, el yerno ideal. Un ciclista elegante, armonioso, una de esas raras especies, como Anquetil, Induráin o Bugno, capaces de hacer ballet sobre una bicicleta. Como Coppi. Primer ganador extranjero del Giro en 1950, un año después Koblet reta al 'campionissimo' en las rutas del Tour. Pero Coppi no es Coppi. Aún no ha sido capaz de aceptar la muerte de su hermano Serse.

Koblet manda en la primera contrareloj, de 85 kilómetros, y no espera a los Pirineos, ni a los Alpes, ni a París para entrar en la leyenda del Tour. Será entre Brive y Agen, por los caminos del 'Limousin'. Una pequeña cota completados apenas 30 kilómetros de la etapa sirve de lanzamiento para una fuga de 177 kilómetros. El resto de favoritos cruza la meta con dos minutos y 25 segundos de retraso. Más de cuatro horas de infructuosa persecución a 38,946 km/h. de media. "Si hubiera dos Koblet, mañana mismo cambiaba de oficio", declara Geminiani.

Coppi no es Coppi, pero Coppi ataca. Lo hace el 18 de Julio, entre Tarbes y Luchon. Coppi se destaca en el Tourmalet. Koblet le sigue con la mirada pero prefiere mantener su ritmo, suficiente para dejar en el camino a Bartali, a Bobet, al empecinado Robic. Koblet pincha antes de coronar y ve pasar de nuevo a sus ilustres rivales. En la cima acusa un retraso de un minuto respecto a Coppi. Pero el suizo, que sube bien, baja mejor que nadie. En Sainte-Marie de Campan ya ha neutralizado a Fausto. Juntos, dos gigantes solos, ascienden y descienden el Aspin y el Peyresourde antes de alcanzar Luchon. Gana Koblet. La etapa y el jersey amarillo. Queda inaugurada la década de oro del ciclismo épico.
Londres (Albert)

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Hugo Koblet, el 'ciclista encantador'.


1924. Cherburgo.

Albert Londres entrevista a los hermanos Pélissier en 'Le Petit Parisien', el 27 de junio de 1924, tras el abandono de ambos en el Tour de Francia. Enfadados con la organización, con un reglamento que consideran injusto y cruel, se desahogan con el periodista. Las crónicas de aquel Tour quedaron recogidas en el libro 'Los Forzados de la Ruta':

- No queda carne en nuestro esqueleto -dice Francis-.

- Yo he perdido seis de las 10 uñas de mis pies -añade Henri-.

- Pero el año que viene te habrán salido otra vez.

- Y aún no has visto nada. Espera a los Pirineos. [...] Aceptamos el tormento, pero no las vejaciones. ¡Yo me llamo Pelissier, no Azor! Si empiezo la etapa con un periódico bajo el vientre, debo llegar a la meta con él. Si lo tiro, ¡penalización! Cuando nos morimos de sed, antes de llenar nuestro bidón debemos asegurarnos de que no haya nadie a 50 metros para bombear el agua. De otra manera, ¡penalización! Para beber tenemos que bombear nosotros mismos. Llegará el día en que nos metan plomo en los bolsillos porque descubrirán que Dios hizo al hombre demasiado ligero. El deporte se ha vuelto loco.

¿Cómo resistían estos tipos etapas de casi 20 horas en sus biciletas de 15 kilos sin marchas?

- ¿Quieres saberlo?, -pregunta Henri, que saca un frasco- Esto es cocaina para los ojos, y esto cloroformo para a las encías.

- Esto -interviene Ville, otro corredor- es una pomada para calentarme las rodillas.

- ¿Y las pastillas? ¿Quieres ver las pastillas?

Y sacan tres botes cada uno.

-Total, que vamos como dinamita -resume Francis-.

El Tour de 1924 asistió al monólogo de Ottavio Bottecchia, el primer italiano ganador de la 'Grande Boucle', líder desde el primero hasta el último día. Bottecchia repetiría triunfo en 1925. Dos años después lo encontrarían herido de muerte en una cuenta. Su bicicleta estaba apoyada en un árbol. Hoy sigue sin estar clara su muerte.


- Mago

1964. Primera visita del Tour a Andorra.

Jacques Anquetil murió a causa de un cáncer de estómago el 18 de noviembre de 1987 con 53 años. Quizás lo provocara su afición al buen vino, al champán y al whisky, a las comilonas y a un tubo con pastillas de anfetamina que siempre le acompañó durante su carrera profesional y que con naturalidad mostraba en público. En 1964, superada ya la treintena y camino de su quinto Tour, su culto a Pantagruel a punto está de costarle el triunfo. El que de nuevo acaricia, el que de nuevo no sabe ganar Poulidor, el deseado 'Poupou'. Sucede en Andorra el 5 de Julio de 1964, durante una extraña jornada de descanso al día siguiente de la exhibición de Julio Jiménez en Envalira.

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- Jacques Anquetil.

Así la recuerda Janine, la mujer del normando: "Jacques era extremadamente supersticioso. Pocos días antes del comienzo de la carrera, leyó en el periódico la predicción de un mago. Y eso le descompuso". El misterioso y extravagante mago Bellini debe su popularidad a las predicciones deportivas realizadas en las páginas de 'L'Équipe' entre los años 56 y 58. No es el pulpo Paul, así que Jacques Goddet acabará por cansarse de él. En el 64 encuentra su espacio en 'France Soir' y allí asegura que en la decimotercera etapa del Tour una terrible desgracia ocurrirá a un corredor cuyo apellido comienza por 'A'.

Raphael Geminiani, Gem, el 'Gran Fusil', el amigo del alma de Bobet al que Anquetil -a quien ahora dirige desde el coche- no quería en el equipo francés de 1958, busca al mago para "romperle la cabeza". El día de descanso, 5 de julio, precede a la etapa señalada. Anquetil no quiere salir de la cama. "Quiero dormir. Mañana voy a morir", le dice a Geminiani. Un periodista de Radio Andorra trae la solución. La emisora va a asar un cordero en el campo e invita a varios ciclistas. Gem acepta en nombre de Anquetil. Así se quitará al mago de la cabeza. No acude ningún otro gran corredor. "Jacques jamás renuncia a este tipo de ofrecimientos", continúa Janine. "Aquella tarde bebió unos cuantos vasos de sangría".

"Él no se entrenaba esos días. Siempre decía que la jornada de reposo era para reposar. Pero a pesar de esta pequeña fiesta, seguía notándole nervioso. Pasó una noche agitada". El periodista Abel Michéa, de 'L'Humanité', afirma que Anquetil tragó tres libras de cordero (1,65 kg.). A la mañana siguiente, de nuevo Envalira de por medio, esta vez de partida entre Andorra y Toulouse. Anquetil está pálido. "Tomó la salida en un estado de ansiedad extrema. ¿Se cumplirían los pronósticos del mago? ¿Qué le iba a pasar? ¿Cuándo?", relata Janine.

Los nervios, el cordero, el vino, el inevitable ataque de Bahamontes, Jiménez y Poulidor. El ataque, seco, brusco, se produce en las primeras rampas. Anquetil no reacciona. La pájara, de proporciones históricas, le cuesta cuatro minutos en la cima. El cielo se ha cubierto y las nubes encuentran descanso en los valles. La niebla es cada vez más densa. Gem llega a su altura, le da un bidón y dice: "Toma Jacques. Si tienes que reventar, que sea con los de delante". El estómago de Anquetil comienza a procesar, a digerir. Y su cabeza, su IBM, nunca falla. Aprovechando los faros de los coches, ve dibujado el descenso. Se juega la vida tras las luces rojas y en el plano se reúne con Poulidor y los de cabeza. Anquetil está enfadado. Anquetil no frena. Sobre el plano quiere devolver el sufrimiento a sus rivales.

A 20 kilómetros de la meta Poulidor sufre una avería mecánica. Finalmente, será él, pobre desgraciado, quien ceda tiempo en la meta. 2'36". Aún dispondrá 'Poupou' de una nueva oportunidad días después en el duelo sobre el volcán, en las rampas del Puy de Dôme, en el mano a mano, u hombro a hombro, más mediático de la historia del ciclismo. La calculadora de Anquetil y otra lucha fratricida desarrollada algunos metros por delante entre Bahamontes y Jiménez volverán a privarle de la gloria.



- Noche

1927. Etapa 11. Bayona-Luchon

Michele Gordini, ciclista de 'segunda categoría', independiente, héroe solitario en los años bárbaros del Tour, busca un aliado en la oscuridad. Ni el líder, ni Desgrange ni nadie se percatan de su movimiento. Llueve con fuerza en los el 'círculo de la muerte'. Gordini pedalea como si le fuese la vida en ello. Por detrás, calma total. Hasta que un espectador toca diana: "Hay uno por delante. ¡Y está lejos!". Desgrange envía a uno de sus comisarios tras la pista del valiente. El aficionado no miente. Gordini es 'maillot' amarillo virtual. La maquinaria belga se pone en marcha y al llegar a Eaux-Bonnes, a 10 kilómetros de la cima del Aubisque, Gordini mantiene 58 segundos de ventaja. En la cumbre son sólo 10 tras reparar una avería en la cadena. Desciende a tumba abierta el Solour y asciende solo la mitad del Tourmalet hasta que un gigante le pasa como un avión. Nicolas Frantz llega primero a Luchon y días más tarde ganará el primero de sus dos Tours. Gordini finaliza la etapa en quinta posición. Por culpa de un bocazas.

- Ñam

16 de julio de 1912. Tarascon-sur-Arriège.

El luxemburgués François Faber, ganador del Tour de 1909, hace desaparecer un pollo asado en tres minutos y ocho segundos.

- Ocaña (Luis)

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Eddy Merckx (i) y Luis Ocaña, durante un traslado en avión en el Tour de 1971.

1971. Col de Menté.

Core, Aspet, Portillon, Peyresourde y, entre medias, el maldito Menté bajo el diluvio universal. Por sus rampas transita Luis Ocaña, el mayor talento del ciclismo español hasta la eclosión de Indurain. Ocaña ganó un Tour (1973) y perdió otro dos años antes, el que le estaba ganando al 'ogro' Merckx en pleno 'Merckxismo' tras su imperecedera excursión alpina entre Grenoble y Orcières Merlette, un vuelo de 134 kilómetros, suficiente para aventajar al segundo, Lucien van Impe, en casi seis minutos, y al tercero, un desconcertado Merckx, en casi nueve. Ocaña, siempre al límite, el único que se atrevió a discutir la dictadura del belga. Merckx convirtió los Pirineos en un Vietnam. Ocaña resiste sus emboscadas, su ataque furibundo. También resiste Fuente, 'Tarangu'.

El Menté aparece ante ellos envuelto en una nube. Lluvia, granizo, torrentes de agua y barro en el descenso del Menté. Se caen todos. En la misma curva. Merckx, el primero, evita los mojones de hormigón. Ocaña se empotra de lleno contra uno. Pero Ocaña no siente ni padece. La rueda de Merckx es su obsesión. Se levanta, retoma su máquina y trata de reanudar la marcha, hasta que Zoetemelk, inútiles sus frenos, visibilidad casi nula, arrolla a una mancha amarilla en medio de la carretera. Acaba de rematar a Ocaña, que no vuelve a levantarse. Fuente gana en Luchon, pero nadie le hace caso, tampoco los miles de españoles reunidos entre el Portillon y la meta. Venían a ver a Ocaña, pero el campeón de Cuenca no aparece. Lo pagan con Merckx, al que insultan, escupen y aun apedrean. Al día siguiente el flamenco renuncia a vestir el jersey de líder, el gesto más humano del 'ogro'. En Superbagnères vuelve a ganar Fuente, tozudo, tenaz. Esta vez sí le hacen caso.
Poblet (Miguel)

1955. Tourmalet.

"Miguel Poblet ha subido todo el Tourmalet como si fuera por el llano. Rompía los pedales. Fue impresionante. Lloré del esfuerzo para seguirle". No lo dice un aficionado, un segundón de un equipo regional. Son palabras de Lousion Bobet, el campeón del mundo, el rey del Tour, ganador de las dos ediciones anteriores y camino de la tercera a pesar del órdago propuesto por el joven Charly Gaul. Bobet aguanta todo. A Poblet en el Tourmalet, a Gaul en el Aubisque y a sus forúnculos en todas partes. Miguel Poblet no era un escalador pero en dos ocasiones se impuso en el Campeonato de España de Montaña. Su caso fue un parto extraño del ciclismo español de los 50. Al 'sprint' ganó dos veces la Milán-San Remo ante velocistas de la talla de Alfred de Bruyne y Rick van Steenbergen. En el Tour de 1955 gana la pimera y última etapa, el único español ganador en la meta de París. Un año después será el primer ciclista con triunfos en Vuelta, Giro y Tour en un mismo curso.

- Queheille (Marcel)

1959. Bayona.

Nacido a la sombra del 'col' de Osquisch, Marcel Queheille nunca abandona su boina vasca. Recorre con los ojos cerrados las rutas pirenaicas. Las conoce como la palma de su mano. El 3 de julio de 1959 ataca a 20 kilómetros de la meta de Bayona, en la cota de Urt. Su ventaja aumenta. Nadie le detiene hasta la meta. Tras él, Fernando Manzaneque, la 'Yegua', se impone al italiano Fabbri. Por un minuto y medio escaso el ciclista manchego no suma su primer triunfo en el Tour. Lo hará en el 60, el 63 y el 67. Manzaneque falleció el 5 de junio de 2004 en Alcázar de San Juan.
Recomendación

Un día antes de la primera etapa pirenaica de la historia, en 1910, una advertencia puede leerse en las páginas de 'L'Auto': "Aviso esencial: Recomendamos a los corredores proveer sus máquinas de frenos extremadamente sólidos durante la travesía de los Pirineos. Les prevenimos de la peligrosidad de los descensos. Se requiere la máxima prudencia, y no sólo de vez en cuando sino todo el tiempo".


fuente:elmundo.es

Re: diccionario (nostalgico) de los Pirineos

NotaPublicado: Vie Nov 12, 2010 4:17 pm
por Juan Guillermo
Una contribución a tu buceo histórico, Esteban:
"Jaques Anquetil, ganador del Tour de Francia en cinco ocasiones, solía sacar la botella de agua del portabidones antes de cada ascensión y se la metía en el bolsillo trasero del maillot. El holandés Ab Geldermans, su gregario de lujo, le vio hacer aquel gesto durante años, hasta que finalmente no pudo resistir más la curiosidad y le preguntó el motivo. Y Anquetil se lo explicó.
-Un ciclista- le dijo Anquetil -consta de dos partes: una persona y una bicicleta. La bicicleta es, sin duda, el medio del cual se sirve la persona para ir más rápido, pero su peso también supone un freno para su velocidad. Eso es especialmente importante en los momentos duros, y en las ascensiones sobre todo hay que procurar aligerar la bicicleta lo máximo posible. Una buena forma de conseguirlo es sacar la botella del portabidones.
De modo que, antes de cada subida, Anquetil trasladaba la botella de agua del portabidones al bolsillo trasero. No tenía vuelta de hoja."
("El Ciclista" Tim Krabbé)