El santuario de 'El Chava'

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El santuario de 'El Chava'

Notapor Esteban » Lun Dic 02, 2013 5:47 pm

Diez años después de su muerte, el hermano del genial ciclista custodia, en El Barraco, un estudio donde se acumulan decenas de fotografías, retratos y esculturas del corredor.

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El hermano de 'El Chava', en su taller de pintura y escultura.

Con una suave pincelada, Juan Carlos retoca el retrato de su hermano. Una pequeña fotografía le sirve de guía, aunque realmente no precisa de esa imagen para rememorar hasta los mínimos detalles del rostro de El Chava. A la derecha del caballete, hay una mesa con un dibujo a carboncillo de su etapa como corredor del Banesto. A su espalda, media docena de cuadros colgados en la pared que rememoran algunos de sus triunfos. A la izquierda, cinco baldas de madera repletas de copas y trofeos. En el suelo del salón, a un metro de los pies del pintor, descansa una ilustración del escalador tirando de Indurain, Riis y Zülle.

El pintor custodia un santuario dedicado a José María, de quien el próximo viernes se cumplen 10 años de su muerte. El Chava falleció en una clínica de Madrid, donde estaba internado por una maldita depresión. Sólo tenía 32 años. Su prematura desaparición ha envuelto en un halo de leyenda a un ciclista genial. Un escalador imprevisible, preparado para firmar la proeza más increíble o para hundirse en el momento más inesperado. Reñido con la vulgaridad, excesivo dentro y fuera de la carretera. Capaz de estar una noche de juerga y de ganar una etapa al día siguiente sin haber dormido.

Un tipo singular cuya historia todavía cautiva a los aficionados. Muchos se desplazan al cementerio de El Barraco para dejar flores en su tumba, también adornan la escultura levantada en su honor, a un paso del chalé donde vivió el corredor, en la calle que lleva su nombre. Ahí, en la zona alta de pueblo, se encuentra el santuario de El Chava, un estudio donde diariamente trabaja Juan Carlos abrazado por cientos de recuerdos. En la planta baja del chalé no hay un metro cuadrado donde no aparezca un detalle del ciclista. Su presencia se encuentra hasta en lo que no se percibe, como dentro de los cajones de los muebles. En la sala principal del taller, lo que antes era el garaje, se acumulan pequeñas esculturas, bustos, miniaturas, fotografías y retratos, uno de ellos dedicado a Carlos Sastre por su triunfo en el Tour de Francia. Todas las obras provienen del ingenio de Juan Carlos. En la bodega destacan espléndidos collages dedicados a El Chava, Rafa Nadal y Pau Gasol. "Parecen fotografías, pero los he pintado con técnica mixta, usando rotuladores, óleo, carbón, etc., pero, sobre todo, con mucha paciencia, mucho tiempo y mucho sentimiento", dice el artista.

En el jardín, presidiendo la entrada de la vivienda, sorprende un busto de bronce del corredor, que descansa sobre una base en cuyo cimiento ha nacido un laurel silvestre. "Por aquí viene mucha gente que quiere ver donde vivía mi hijo. Recuerdo a un grupo de Asturias que se alojó en un hotel cerca de aquí y que sólo había venido al pueblo para ver dónde vivía Jose", apunta Antonia, la madre.

Juan Carlos se pasa los días enteros encerrado en su estudio, embriagado por la memoria de su hermano. "Para mí, José sigue vivo, pienso que está lejos, disputando una carrera y que algún día regresará. Sé que es mentira, pero eso me ayuda a sobrellevar su ausencia. Pienso en él todos los días y a cualquier momento. Hay días que pienso tanto en él que me duele la cabeza", señala el pintor, que se emociona reviviendo el pasado.

Antonia también recurre al viaje ficticio para soportar el vacío dejado por el hijo. La tragedia de su muerte se unió, pocos meses después, al fallecimiento de su marido. Ahora, su dolor lo aplacan sus nietos: "He sufrido mucho y todavía sigo sufriendo. En casa, todos los días hablamos de José. Ahora, la alegría nos la dan los nietos, los hijos de Piedad y Carlos Sastre. El chico ha salido a su tío, tiene los mismo gestos y los mismo golpes. Monta en bici con el mismo estilo. Hasta parece que anda igual".

Antonia también guarda un tesoro, compuesto por los dorsales, alfileres y maillots que llevó el escalador del equipo de Miguel Echavarri y Eusebio Unzúe. Víctor Sastre (padre de Carlos y director de un emblemático grupo deportivo) también conserva documentos e imágenes de su etapa como juvenil, cuando aspiraba a emular a Ángel Arroyo, otro ilustre de la localidad abulense.

Otro lugar de peregrinación en El Barraco es el bar Diegos, que antes se llamaba El Pescador, propiedad de la familia de El Chava Jiménez. El local ha estado cerrado durante varios años y ahora está abierto en régimen de alquiler. En las paredes hay fotos del corredor y todavía se conserva la mesa donde él se sentaba a comer. Por allí van, de vez en cuando, Paco Mancebo, Pablo Lastras o David Navas, sus amigos y con los que comenzó en el ciclismo.

En El Barraco todo está envuelto con el recuerdo de El Chava. Parece que el tiempo se ha detenido 10 años atrás. Muchos sueñan con una exposición permanente con imágenes del irrepetible ciclista. Todo se andará.

fuente:elmundo.es
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Esteban
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