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Tour,83:el Reynolds que nos hizo soñar

NotaPublicado: Mié Feb 03, 2010 8:46 pm
por Esteban
Este año se cumplen 25 desde que el equipo Reynolds participara por primera vez en el Tour de Francia. Inesperadamente, aquel debú supuso el punto de inicio del resurgir del ciclismo español. Con las pedaladas de Arroyo, Delgado, Gorospe y compañía, los españoles volvimos a despertarnos de la siesta soñando con ganar el Tour de Francia.

1983 fue el año en que murieron Luis Buñuel y Joan Miró y nació el disco compacto (o CD) con lector de rayo láser. El año en que el ejército de los Estados Unidos invadió (en octubre) la isla de Granada, se casaron la Pantoja y Paquirri, y el plúmbeo José Luis Garci consiguió el Óscar por Volver a empezar. Ese año, Seve Ballesteros ganó su segundo Master de Augusta y la selección española (de fútbol, claro está) le metió 12 a 1 a la de Malta, clasificando al combinado de Miguel Muñóz para la Eurocopa de 1984.

Un año que, por lo que a las bicis se refiere, también fue de invasión y Óscars, pues los ciclistas españoles (del Reynolds, en concreto) ejercieron de marines en el Tour y, mandando a tomar por saco viejos complejos, se infiltraron en las líneas enemigas, derrotaron a sus rivales y estuvieron a un pelo de llevarse la el maillot jaune.

Nuevos ciclistas

Por lo que al ciclismo español se refiere, aquel fue un año que comenzó con Eduardo Chozas ganando la Ruta del Sol y siguió, entre otras, con la victoria de Julián Gorospe en la Vuelta al País Vasco, la de Pepe Recio en la Volta a Catalunya y la de Bernard Hinault en la Vuelta a España. Más tarde, Alberto Fernández fue tercero en un Giro de Italia en el que Marino Lejarreta pudo ser maglia rosa de no haber existido las bonificaciones, instauradas ex profeso en beneficio de Giuseppe Saronni.

Llegada la hora del Tour, la carrera se presentó más abierta que en anteriores ediciones dada la ausencia de Bernard Hinault. El Reynolds fue el único equipo español en tomar la salida con Arroyo, Aja, Delgado, Gorospe, Greciano, Vilamajó, Laguía, Carlos Hernández, Prieto, y Hernández Ubeda,

A ver qué pasa...

En Reynolds iban a probar, a ver qué pasaba, sin sospechar que a la postre terminarían luchando por la victoria en la clasificación general de la prueba. Un año antes, en la edición de 1982, Alberto Fernández había sido tercero en dos etapas, clasificándose décimo en la general final, pero aquel 1 de julio en Fontenay-Sous-Bois, localidad de partida del Tour de 1983, igualar los logros del ciclista palentino se veía un tanto complicado.

Los de José Miguel Echavarri no lo hicieron mal en la etapa prólogo de 5 kilómetros, que ganó el belga Eric Vanderaerden (Aernoudt), puesto que Gorospe quedó a 14 segundos del ganador, mientras que Delgado y Arroyo cedieron 21 y 22 segundos, respectivamente. Peor les fue en la segunda etapa, una crono por equipos de 100 kilómetros entre Soissons y Fontaine-au-Pire en la que se clasificaron en décima posición, lo que propició que Gorospe, Arroyo y Delgado, los tres matadores de Reynolds, se colocasen en la general a casi dos minutos de Pascal Simon, uno de los grandes favoritos.

Los 28 km de pavés de la tercera etapa (Valenciennes-Roubaix, de 153 km) brindaron desigual fortuna a los hombres fuertes del Reynolds. Así, Ángel Arroyo, el líder del conjunto navarro, se mantuvo durante toda la etapa con los mejores, no así Delgado y Gorospe, que pagaron la dureza de la jornada, perdiendo 7’39” el primero y 22’32” el segundo. Tras dos jornadas sin demasiada historia, en la sexta etapa del Tour, una crono de 58 km entre el Chateaubriant y Nantes, Julián Gorospe realizó la primera gran prestación de los españoles, ya que hizo tercero a 1’07” del ganador Bert Oosterbosch.

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Arroyo superó con éxito el adoquín camino de Roubaix en la tercera etapa


"El loco de los Pirineos"

A partir de entonces, los ciclistas del Reynolds parecieron perderle el miedo a la carrera, lo que se tradujo en una increíble oleada de puestos de honor. El primero de ellos coincidió con la aparición de la alta montaña pirenaica. Fue en la décima etapa, Pau – Bagnères de Bigorre, que contaba con los ascensos al Aubisque, Tourmalet, Aspin y Peyresourde. En ellos se esperaba la presencia de un gran escalador como el abulense Ángel Arroyo, pero quien terminó dando el recital no fue otro que el segoviano Pedro Delgado. "Aprovechándose" de un día de calor infernal (40º grados a la sombra), Delgado realizó una magnífica etapa, escapándose en el descenso del último puerto de la jornada (el Peyresourde), en donde realizó un "tumba abierta" tan espectacular como para que al día siguiente los periódicos franceses se refiriesen a él como Le Fou des Pyrénées (El Loco de los Pirineos).

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Delgado, junto a Fignon en la etapa de Alpe d'Huez (Foto: http://www.marca.com/perico)


Aquella demostración le valió a Delgado para hacer segundo en la meta por detrás de Robert Millar. En lo negativo, abandonaron Gorospe, Vilamajó y Laguía que, exhaustos, se bajaron de la bici en el Tourmalet.

Al día siguiente, Delgado se metió en el corte bueno y entró el décimo en la meta de Fleurance, continuando con su buena racha en la Fleurance – Roquefort, en la que volvió a ser segundo, ahora tras Andersen, lo que le llevó a la quinta posición de la general, siendo para Arroyo la novena plaza.

Etapa para Arroyo

Contagiado por la buena marcha del equipo, Carlos Hernández hizo cuarto en la meta de Issoire, mientras que al día siguiente, Ángel Arroyo lograba la apoteósis al imponerse en la cronoescalada al Puy de Dôme por delante de Pedro Delgado. Luego Perico hizo séptimo en Alpe d´Huez y, para rematarla, sufrió una descomunal pájara en la siguiente etapa, camino de Morzine, en la que Arroyo fue segundo, situándos en quinta plaza de la general con opciones a podio. ¡El Tour se había vuelto loco!

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Arroyo se impone en la cronoescalada al Puy de Dome, Delgado fue segundo (Foto: Cordon Press)


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Arroyo y Lucien Van Impe en la etapa de Morzine del Tour de 1983 (Foto:Cordon Press)


En las siguientes cronometradas se despejaría el panorama. En la primera, 19º etapa, Morzine-Avoriaz, Arroyo hizo cuarto, ascendiendo a esa misma posición en la general. Y en la segunda, la llana Dijon-Dijon, de 50 km, disputada 24 horas antes de la conclusión de la carrera, el abulense se superó a sí mismo, pues fue segundo, a 35 segundos del vencedor, Laurent Fignon. Arroyo se aupaba así al segundo puesto de la general final a 4’04”del rubio parisino de 22 años; Peter Winnen fue tercero.

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De izquierda a derecha el podio final: Fignon, Winnen, Arroyo, Nelly y Van Impe (Foto:Cordon Press)


ASÍ LO HICIERON:
Ángel Arroyo, 2º a 4'04"
Pedro Delgado, 15º a 25'44"
Celestino Prieto, 46º a 1h46'48"
Anastasio Greciano, 51º a 1h53'52"
Carlos Hernández, 55º a 1h58'46"
Jesús Hernández, 54º a 1h58'39"
Enrique Aja (neo-pro), 75º
Julián Gorospe, abandonó en la 10ª etapa.
José Luis Laguía, abandonó en la 10ª etapa.
Jaume Vilamajó, abandonó en la 10ª etapa.


Seamos claros. Aquel 1 de julio de 1983, fecha de arranque del Tour de Francia, los periódicos generalistas españoles no prestaron excesiva atención a la prueba francesa y tampoco lo hicieron los diarios deportivos, por entonces un tanto fríos con este deporte.
Entonces, como ahora, mandaba el fútbol y todavía quedaba mucho para la Era Indurain, con su oleada de suplementos y monográficos destinados a narrar los prolegómenos y características de la prueba. Desde 1973, con Luis Ocaña, ningún otro español se había acercado a la victoria en la prueba francesa, si bien algunos de nuestros ciclistas se habían situado entre los diez mejores de la general, con seis victorias de etapa a cargo de López Carril (2), Miguel María Lasa (2), Viejo y Nazábal.

Ya en 1982, el año anterior al golpe de mano dado por Reynolds en el Tour de Francia, Marino Lejarreta y Alberto Fernández fueron nuestros mejores hombres en la Grande Boucle. El llorado Alberto Fernández (fallecido en diciembre de 1984 en accidente de tráfico) hizo tercero en dos etapas y se clasificó en décima posición de la general con los cántabros de Teka, pero su paso al Zor a finales de aquella temporada hizo que los intereses de su equipo (Zor-Gemeaz en Italia) le llevasen a disputar el Giro del 83 (en donde fue 3º). Así las cosas, el Reynolds navarro fue nuestro único representante en el Tour.

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Fignon encabeza el grupo de favoritos con Arroyo a su rueda en el Tour'83 (Foto: Cordon Press)


A la hora de las quinielas, en la prensa se hablaba de Zoetemelk y de Van Impe, pero también de los jóvenes Kelly, Anderson y Winnen, mientras que un viejo zorro como Fred De Bruyne –por entonces director del Aernoudt belga– sugería las bazas de Julián Gorospe (aquel año vencedor de la Vuelta al País Vasco y líder en la Vuelta a España) y Jean René Bernaudeau, quedando en incógnita el rendimiento de Eric Vanderaerden, por entonces la "gran esperanza belga".

Así lo vio la prensa

Haciendo buenos los pronósticos del técnico de Berlare, Vanderaerden se impuso en el prólogo, convirtiéndose a sus 21 años en el líder más joven del Tour. Gorospe fue el mejor de los españoles, cediendo 14 segundos. "Dadas las condiciones del prólogo, corto y sinuoso, no acorde con sus posibilidades, la actuación de Gorospe en su debú se puede considerar buena", decía al día siguiente el diario El País, que dedicaba un breve de agencia al inicio de la ronda francesa.

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Recorte del semanaio 'El Ciclista' de diciembre de 1983

Por desgracia, la tercera etapa de aquel Tour, disputada entre Valenciennes y Roubaix, pasó factura a casi todos los ciclistas españoles a excepción de Ángel Arroyo, que entró en el grupo de los favoritos. Todo ello propició que tanto los escasos periodistas españoles presentes en la prueba como los que escribían desde casa cargasen contra el equipo navarro, y especialmente sobre Gorospe. Afortunadamente, aquella tensión se rebajó en los días siguientes merced tanto a que Laguía se dejase ver en las primeras cotas montañosas como a que Hernández Úbeda se metiese en dos escapadas.

Pero fue de nuevo Gorospe quien consiguiera los primeros titulares para su equipo después del aluvión de críticas. "Julián Gorospe, tercero en la contrareloj", titulaba El País (quizás el más ecuánime de entre los medios españoles) en su edición del 8 de julio, en la que hacía referencia al excelente papel desarrollado por el ciclista vasco en la etapa del día anterior, una cronometrada de 58 km entre Chateaubriand y Nantes.

'L'Equipe' y Arroyo

Ya por entonces una serie de dos improvisados e impagables cronistas de circunstancias, los señores Jacques Anquetil y Eddy Merckx, comenzaban a especular sobre las posibilidades de Arroyo en la montaña venidera. Así, Anquetil escribía en L'Equipe: "Arroyo no sólo está en condiciones de lanzarse a la conquista del maillot amarillo, sino de llegar el primero a París. Al tratarse de un excelente escalador, se encuentra en una situación envidiable para ganar el Tour de Francia".

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Despiece de 'El Ciclista' de 1983

Una opinión (lo que son las cosas) que pareció venirse abajo por la incomprensible actuación del abulense en la primera etapa de gran montaña, la décima del Tour (Pau-Bagnères de Luchon, 201 km). En ella, Arroyo perdió 7’42” con respecto al ganador, Robert Millar, mientras que Gorospe, Vilamajó y Laguía abandonaban en el ascenso al Tourmalet. Sólo Delgado se salvo de la quema al ser segundo en la etapa. La prensa española arremetió entonces contra los ciclistas de Reynolds, a los que veladamente se acusaba de falta de pundonor.

"Delgado, segundo en la etapa, quinto en la general". Ese era el titular con el que El País pintaba cómo iban las cosas tras doce etapas, precisando después que Arroyo marchaba undécimo, a 9’34” del por entonces líder, Pascal Simon.

Tres días después llegó el mazazo que despertó a los dormidos, una cronoescalada de 15,6 kilómetros que iba a variar el status quo de la prueba. "Medio millón de espectadores contemplaron sobre las rampas del mítico Puy de Dôme, el triunfo de dos españoles, seguidos de un colombiano (Patrocinio Jiménez). Ángel Arroyo se adjudicó la etapa, –Pedro Delgado hizo 13 segundos más– y ambos sacaron al líder más de cinco minutos". Así rezaba la crónica de la Agencia Efe del día 16 de Julio, mientras que en El País, Pedro Delgado (4º en la general) declaraba: "La estamos armando gorda".

¡Llega la tele!

Fueron muchos los enviados especiales de medios españoles que entonces y a toda prisa viajaron al Tour para no perderse lo que hasta entonces habían desdeñado. Entonces, y ya en primera persona, pudieron contar cómo Delgado se puso 2º de la general en Alpe d’Huez, el mismo día en que Arroyo sufría una pájara que le hacía bajar a la novena plaza de la general. "Mi único rival es Delgado", señalaba el nuevo líder, Laurent Fignon. Corroborando dicha euforia, pues en España los diarios deportivos ya habían comenzado a vender su particular "¡Perico campeón!", TVE se sumó a la fiesta y por vez primera se decidió a retransmitir en directo los kilometros finales de una etapa del Tour, Alpe D'Huez – Morzine.

Gafes. No puede decirse otra cosa, pues Perico (víctima de un desfallecimiento) perdió 25 minutos en la etapa mientras que un resucitado Ángel Arroyo hacía segundo en la etapa y quinto en la general… De ahí en adelante, ya saben lo que pasó. Arroyo fue 4º en la cronoescalada a Avoriaz, y se superó en la de Dijon, desbancando a Winnen y a Van Impe de los primeros lugares de la general. Quedaba para el abulense el segundo puesto de la general, detrás de Fignon y delante de Winnen. Después, al día siguiente de concluir el Tour, la misma prensa española que antes le había dado caña, le dedicó algún que otro titular alabador.

Más aún, concluyendo el año, el semanario parisiense Sprint escribió que "un corredor de la clase de Ángel Arrroyo puede ser considerado, desde ahora, como candidato a la victoria final del Tour 1984". Por desgracia ahora ya sabemos que se equivocó.


Asi lo vieron los protagonistas

Por extraño que parezca, el Tour de 1983 no trajo consigo una excesiva presión mediatica sobre los ciclistas españoles, que lo disputaron casi “olvidados” por los periódicos, las radios y la entonces única televisión de nuestro país.

Un "olvido" que tuvo mucho de venenoso, pues hubo algún que otro periodista que cargó innecesariamente las críticas sobre los resultados de los hombres del Reynolds en la primera semana de carrera, cambiando innoblemente de chaqueta cuando Arroyo y Delgado comenzaron a destacar en las etapas de montaña.

Entonces, quedaron obsoletas frases crueles del cariz de "como estaba previsto, a los ciclistas españoles ni se les ha visto", dedicadas a los de Reynolds en la jornada de Roubaix, cambiando el tono de los escritos hacia una línea de sorpresa que nunca llegó a ser de admiración. Porque seamos claros: ni el segundo puesto en la general de Arroyo, ni las muestras de genialidad de Delgado encendieron los ánimos deportivos de un país que todavía estaba lejos de creer que sus ciclistas podían tratar de tú a tú a sus rivales extranjeros.

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De izquierda a derecha:Sastre, Arroyo, Julio Jiménez, “Chava” Jiménez y Mancebo, ciclismo en Ávila


Arroyo: "Pude ganar aquel Tour"

Segundo en el podio de París, Ángel Arroyo llegó a Francia tras el escándalo de su descalificación por dopaje en la Vuelta a España de 1982. El de El Barraco (Ávila) viajaba al Tour "a probar" fortuna en una carrera que tradicionalmente daba miedo a nuestros ciclistas, por entonces poco dados a competir en el extranjero: "De aquel Tour recuerdo muchas cosas –rememoraba Arroyo años más tarde–. Era el debú del Reynolds en la prueba francesa. Y la verdad es que pagamos la inocentada. A Perico le faltó madurez en momentos importantes y yo fui demasiado conformista en los Pirineos”, explicaba años más tarde Arroyo.
"Viajé al Tour a quemar mi último cartucho porque había sufrido una lesión y las cosas no me habían salido como quería. Iba mentalizado porque me habían contado que aquello era muy duro. Aquel año también debutó Fignon y me ganó. Creo que era batible. Recuerdo que le atacaba y se quedaba. En la cronometrada del Puy de Dôme le saqué casi tres minutos. Y en la última etapa, una contrarreloj llana, apenas me metió treinta segundos. Creo que pude ganar aquel Tour y, quizás también Perico, aunque creo que estaba algo verde".

De todas formas al terminar aquel Tour no fui consciente de lo que había hecho. Estaba contento, claro está, pero hasta que pasaron tres años no supe verdaderamente lo que había conseguido. En su momento los medios de comunicación no le dieron importancia a mi segundo puesto, mientras que años más tarde, cuando Perico fue segundo tras Roche, en España se montó una verdadera revolución. Y yo pensaba, ¡pero si eso ya lo he hecho yo!”.

El fenómeno "Perico"

Vidas paralelas en aquel Tour. Las de Arroyo y Delgado. Cuando el abulense ganó la cronoescalada al Puy-de-Dome, el segoviano hizo segundo en la etapa, convirtiéndose luego en el “hombre Tour” por antonomasia del ciclismo español de la década de los 80. Con la perspectiva que da el paso del tiempo, Perico asegura sin duda alguna que tuvo aquel Tour en sus manos: "Yo creo que el del 83 hubiera sido el primer Tour que hubiera ganado si no me llego a poner malo por unos productos que llevábamos en el camión. Hizo mucho calor y se descompusieron, claro, después de tres semanas. Me dinamitaron el estómago. Iba segundo en la general y tomé productos del dichoso bidón. Me puse malísimo, y de ir segundo en la general pasé a perder 25 minutos".

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Perico pasó directamente de dar pedales a entrevistar a sus colegas y compañeros

El segoviano ya había dado muestras de su capacidad en la alta montaña: "Tuve mis fogonazos de popularidad en carrera. El primero fue en la bajada del Peyresourde, en la décima etapa en la que fui segundo tras Robert Millar y me puse octavo en la general. Lástima porque allí pagué mi inexperiencia. Subiendo el Peyresourde debí haber arriesgado un poco más, porque por la cima Millar me aventajaba en 33 segundos y en la meta sólo me sacó seis". Luego vino su segundo puesto en la cronoescalada del Puy-de-Dôme y con él las alabanzas de Ocaña, Merckx y Anquetil.

El mago Echávarri

"Aquello fue una locura. Una bendita locura". Palabras de José Miguel Echávarri, por entonces un joven director deportivo que, sin excesiva experiencia en el ciclismo internacional, decidió enfrentarse a la dureza casi suicida del Tour de Francia. "La verdad es que aquello fue una novedad para todos nosotros –explica Echávarri– .Nos aventuramos a ir al Tour. No conocíamos la carrera y fuimos un poco a ver qué pasaba. Casi de puntillas. Era una época oscura del ciclismo español y estábamos en Francia solos. Sin apenas medios de comunicación españoles allí desplazados y haciendo nuestro trabajo casi en silencio".
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Echavarri es el artífice del equipo por el que han pasado Arroyo, Perico, Gorospe, Indurain y muchos mas

El entonces director deportivo del Reynolds explica la incredulidad de sus compatriotas: "Decían que estábamos locos, ¿correr el Tour? ¡qué ocurrencias! Los años anteriores la participación española había sido un fracaso. Un buen resultado era lograr en alguna etapa un puesto entre los diez primeros. Aquello fue increíble para mí. Yo era director desde hacía años y hasta entonces los equipos extranjeros nos miraban por encima del hombro. Luego, con Perico y, sobre todo más tarde, con Indurain, las cosas cambiaron".

Echávarri recuerda que incluso puedieron haber ganado aquel Tour del 83: "En aquel Tour Perico mereció más. Fue segundo de la general durante muchas jornadas antes de sufrir una pájara en la Croix de Fer. Pese a todo, Perico vio claro que aquella era su carrera, la que le iba a marcar durante toda su vida deportiva. Y no se equivocó, porque en la década de los ochenta fue nuestro hombre Tour por excelencia y tenía que haber ganado, por lo menos, dos Tours más".
Fuente:arueda.com