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ciclismo de Almeria......................................Esteban Mesa
 

- . CICLISTAS ALMERIENSES . -

 

José Casas García, el almeriense que ganó a Merckx

 
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El ciclista José Casas, compañero de fatigas de Ocaña, recupera el tiempo perdido en Viator.
Recorrió mundo compitiendo al lado de Merckx, al que ganó una contrarreloj en la Samana Catalana, Luis Ocaña, Fuente, Gimondi o Bernard Thévenet.

Con diez años no tuvo más remedio que cruzar España de sur a norte, dejar su tierra, su casa en el arco de la entonces Plaza del Generalísimo, antes de La Noria, por una casa en Avilés; sus primos en Viator o Pechina por una ciudad nueva en la que vivir. Hoy, aquella plaza ha cambiado su nombre, su fisonomía, pero no el embrujo que le traía a José Casas a Almería cada vez que el tiempo le permitía volver para no enterrar sus raíces. Estas, intactas, aunque con la 'deuda' que ha supuesto perder personas entrañables en el proceso como sus primos Gabriel, Alejo o Luis, le permiten vivir en el lugar del que nunca quiso irse, reflejan el paso del tiempo, pero sigan intactas como si las manecillas del reloj no hubiesen dado vueltas.

José Casas García (Viator, 21 de marzo de 1945) es una persona cargada de tantos recuerdos como de kilómetros en sus piernas. Cuando el ciclismo de ahora habla de bicicletas de seis kilos, de dietas con hidratos, suplementos vitamínicos y productos para competir al máximo nivel durante la mitad del año deportivo, Pepe Casas corrió con bicicletas que pesaban más de ocho kilos, comía arroz cocido y las temporadas empezaban en enero para finalizar a principios de noviembre. Cuando llegaba a casa, casi le pasaba lo que a Gila con los niños, que estos estaban casi crecidos, pero su vida era el ciclismo, que no daba nada más que para comer el tiempo de la extensión de su contrato.

Pepe Casas se ganó la vida por carreteras que no son las de ahora, en un ciclismo distinto al de estos días, con enemigos de asfalto, con caballeros un minuto después de que se cruzara la meta. Merckx, el 'monstruo' para él, el 'caimán' para el resto, Luis Ocaña, Poulidor, su compadre José Manuel Fuente -El Tarangu-, Pedro Torres, Txomin Perurena o Tamames fueron algunos de sus compañeros de fatiga. Con el Tarangu tenía una relación casi familiar, ya que Pepe fue padrino de uno de los hijos de Fuente y éste y su mujer María Elena, a su vez, de Cristina, hija del viatoreño.

Por tanto, guarda grandes recuerdos del asturiano, al que llama un 'asturcón', que es el nombre que reciben los caballos asturianos. Él, Quini y Fernando Alonso «son tres 'asturcones' de esos de lo que no existen».

La organización de la Clásica de Almeria en su trigésima edición ha dedicado un emotivo y cariñoso homenaje al gran ciclista viatoreño de los años 70, y que hasta hace bien poco no se tenía conocimiento en Almería (excepto muy pocas personas) que aunque afincado en Asturias, donde se hizo corredor, es natural de Viator, de donde marchó a temprana edad.
El corredor en su época de profesional militó en los equipos Werner TV, Monteverde, y SuperSer, entre otros.

Pregunta.- Una vida dedicada al ciclismo.

Respuesta.- Prácticamente sí. Desde que tenía catorce años que empecé a montar en bicicleta hasta los 35 que lo dejé.

P.- Incluso conoció a su mujer compitiendo.

R.- En la Vuelta a Uruguay conocí a mi mujer, Cristina, uruguaya hija de españoles, y era muy amiga. Le dije que si cuando terminara la Vuelta la podía ver y fue allí donde la conocí, pero tuve que casarme por poderes porque el padre no la dejaba salir si no estaba casada.

P.- Con el paso del tiempo, se valoran los recuerdos y un mundo diferente a cómo puede ser hoy.

R.- Sí. Nada que ver. En la bicicleta de entonces había que vivir para ella todos los días y entrenar a muerte con unas carencias que hoy no las hay.

P.- Y siempre compitiendo con los mejores.

R.- A lo largo de mis años en bicicleta me ha tocado competir e incluso ganar a los mejores del mundo como Merckx, Ocaña, Roger Swerts, Gimondi, Adorni, Motta, Van Impe o Bernard Thévenet, entre otros.

P.-¿Cómo era la vida entonces?

R.- El sistema era que se corría más con el corazón que con el reloj. Hoy se corre con el pulsómetro y antes con el corazón y con las ansias y las ganas de sobresalir, porque era la única forma de vivir mejor. No había otra. En todas las etapas te obligaban a puntuar en la general, en la montaña, en etapas. Había que estar siempre delante del pelotón para poder destacar. Hoy te dejan puntuar en todo. Antes no.

P.- En tantos años, me figuro que serán muchas las anécdotas, sobre todo con Luis Ocaña.

R.- Fuimos compañeros de equipo en Superser y pudimos serlo en una Vuelta a Andalucía, en 1969, que yo hice quinto, fui el primer andaluz, pero no estaba reconocido porque tenía licencia asturiana. Mi primo Manolo Casas -José Manuel 'Mágico' Casas- me lo recuerda mucho. Corrí en todas las vueltas. Allí íbamos a cara de perro. Estábamos Werner, Kas o La Casera e íbamos a muerte. Había un pique y ganas de derrotar al contrario siempre grandes. Éramos grandes amigos fuera de la carrera, pero con la bicicleta íbamos a muerte y no conocías nada más que a tus compañeros. Con nuestro carácter no hubiésemos podido ser como hoy. Lo único que hacíamos era atacar.

P.- Es de figurar que la alimentación no es comparable.

R.- No tiene nada que ver porque recuerdo que había etapas de la Vuelta a España que se solía salir temprano siempre y había veces que estabas desayunando un plato de arroz con menudillos de pollo y pillabas unos ardores... Mi mujer preparó el arroz con pollo cocido. Saura, que era el director de equipo, aceptó y se cambió la dieta.

P.- Pese a todo, el que se monta en una bicicleta siempre será ciclista.

R.- El que la ha vivido a sangre y fuego no se puede bajar. Le dije a uno de Hacienda que no tenía dinero y es porque el que había ganado fue con sangre, sudor y lágrimas, literalmente.

P.- Además, entonces se era ciclista durante los 365 días del año.

R.- Nosotros corríamos desde la Vuelta a Andalucía, en febrero, hasta la subida a Montjuich, que era a finales de octubre o principios de noviembre. Yo me acuerdo de todas y en una ocasión se acercó Saura -director de equipo- y me pidió que me retirara, paró, me subió en el coche y hablamos para el año siguiente. Había que correr todo el calendario.

P.- De la Semana Catalana tiene un recuerdo con Merckx.

R.- Le gané y me dijo que el reloj tenía que estar mal y yo le dije que igual de mal para mí que para él. Recuerdo que el suegro de él estaba viendo los tiempos y le dijo que cuando pasó por donde ellos estaban yo llevaba mejor tiempo. Me cabreé con él y luego me rompió dos o tres radios llegando a Lérida.

P.- ¿Y el doping?

R.- Había cosas que hoy día están prohibidas. Yo me inyectaba coramina para poder respirar y subir el puerto, pero no era yo, éramos todos, porque a lo mejor subíamos cinco puertos que hoy son de fuera de categoría y los subías con 40 grados o con cero grados. Lo de Tom Simpson en el Mont Ventoux no es cierto. Al masajista de él lo tuvimos en el Superser y yo le pregunté y me dijo que era incierto. Fue una insolación. Me lo creo porque he visto situaciones así. A un compañero mío en Sierra Nevada también le pasó lo mismo. Es muy fácil hablar, pero la realidad es otra. De todas formas, había cosas que hoy darían positivo.

P.- ¿Merckx fue el mejor?

R.- Con Merckx es muy difícil comparar a algún ciclista porque era una persona completa para todo. Subía, bajaba, llaneaba, iba bien en contrarreloj. Hoy me pregunto que cómo le gané yo. Se ve que tuve alguna aparición, pero era imposible. Había que verlo todos los días. Hay corredores que hoy dan una etapa espectacular y al día siguiente paran. Aquel no paraba nunca. Yo le llamaba 'el monstruo'. Ocaña era otro superdotado. No tenía la constitución física de Merckx y las enfermedades se apoderaban mucho de él. Merckx no se ponía malo nunca.

P.- Sin embargo, Ocaña fue algo importante en su carrera.

R.- Como persona, Ocaña era un fenómeno. Quiso que me fuese con él a vender armagnac por el mundo. Éramos más que amigos. Fuente decía que si tuviera un hermano como yo... Hicimos una gran amistad, éramos de verdad.

P.- ¿Pero alguno se le puede parecer a Merckx?

R.- Hoy no hay nadie como Merckx. Sí veo a Contador parecido con Ocaña, por genio y temperamento. A mí, Merckx me disputó en el Tour hasta metas volantes y cuando le gané la contrarreloj en la Semana Catalana me dijo que me iba a llevar a Méjico para batir el récord de la hora y yo le dije que si quería lo batíamos en Mataró, pero no quiso. Ya no me pude escapar nunca. No era mala persona, pero en la carrera no respetaba a nadie, quería ganarlo todo. Aquella prueba en la Semana Catalana fue la que más repercusión tuvo porque gané a Merckx, Ocaña, Swerts, al padre de los Schleck, a Poulidor... Estaban todos.

P.- Me figuro que entonces echaría de menos los recuerdos de pequeño.

R.- Me fui con diez años. Viví tres años en Pechina antes. Mi padre nos llamó desde Asturias y hemos estado hasta ahora. Mi familia están en Avilés y Gijón y yo estuve un poco en Francia, otro poco en Italia, otro poco en América. Puse dos restaurantes, El Fogonero y Casas, y luego otro en América. Me vine para ubicarme en Málaga y desde allí dije que me venía a Viator porque es mi pueblo, el pueblo de mi familia. Se lo pregunté a mi mujer y nos vinimos aquí. Estamos aquí hasta que terminemos.

P.- Pero había la intención de recorrer mundo.

R.- Viator en el principio y hasta el final. Una vez que dejé de trabajar le dije a mi mujer que quería comprar una roulotte grande para ver los puertos del Tour y recordar mis tiempos, pero...

P.- Esos recuerdos perduran y ¿hay capacidad de comparar el Viator de antes con el de ahora?

R.- Sí, tengo recuerdos, de la camioneta que paraba en la puerta de la farmacia, que tenía unas escaleras para subir y bajar detrás. Todo era de tierra. Recuerdo la fuente y el muro que había aquí en la plaza -el lugar en el que se celebró la conversación-. Viator está inmenso ahora. Se ha hecho una gran obra porque esto eran cuatro callejuelas sin luz y ahora es una ciudad. Venía muy pocas veces a ver a mi tía Pepa y veía a mis primos Luis, Gabriel, Alejo, María...

Algunos ya no están, pero para él quedan los recuerdos. Esos no los borra en su vuelta a la que siempre fue su casa.

fuente:ideal.es



 
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